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El precio de la energía no refleja el coste real de la producción, sino que lo marca el kilovatio más caro

El esqueleto del complejo recibo de la luz, utilizado desde hace una década por el Gobierno para controlar las tensiones inflacionistas, tiene tres componentes básicos. De un lado los impuestos (el especial sobre la electricidad y el IVA), que representan casi un 20% del pago final de los consumidores. De otra parte -cerca del 40% del recibo- las subastas de los comercializadores españoles de último recurso (Cesur) desarrolladas cada tres meses por el operador del mercado eléctrico (Omel). Y en último término -más del 40%- los peajes de acceso, que dependen directamente del Gobierno y que cubren, además de los costes regulados, el denominado déficit tarifario.

Entre los costes regulados están las siempre polémicas primas a la producción de energías limpias. Pero es en el déficit tarifario donde reside la gran trampa de las subidas. Este déficit es el desajuste que teóricamente se produce entre los ingresos y costes del sistema eléctrico nacional. Desde que comenzó a aplicarse en el 2000 acumula ya más de 20.000 millones de euros, que en teoría adelantan las eléctricas y que el Gobierno se ha comprometido a devolver como muy tarde en el 2013. Para ello, se utiliza, entre otras cosas, la subida de los recibos de la luz.

Pero, ¿hay un déficit de tarifa?, y de ser así, cómo explicar las pingües ganancias de las cuatro grandes del sector. En el 2010 acumularon un beneficio neto de 8.283 millones de euros, un 8% más que el año anterior.

La ley de Rato

La razón hay que buscarla en la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico, directamente impulsada desde el Ministerio de Economía por Rodrigo Rato, más tarde presidente del FMI y actualmente al frente de Bankia, el resultado de la macrofusión de cajas liderada por Caja Madrid y Bancaja.

El diputado del BNG Francisco Jorquera solicitó (sin éxito) en la presente legislatura la reforma de esta ley para acabar con lo que él mismo denominó «trampa» del sistema. En virtud de esta ley -dijo-, el precio de la energía no refleja el coste real de producción a partir de cada tecnología, sino que el kilovatio más caro es el que marca el precio de todos. De este modo, la energía producida por centrales totalmente amortizadas como las hidroeléctricas o nucleares se pagan al precio de las más caras.

Esto es lo que explica que, pese al supuesto déficit tarifario, los beneficios de las compañías eléctricas sean hoy mayores y es también lo que determina que el precio de la electricidad en el Estado español sea más caro que en Estados de nuestro entorno sensiblemente más desarrollados.

El proceloso mercado eléctrico se compone de cuatro actividades: la generación, el transporte, la distribución y la comercialización.

La generación es la conversión en electricidad de las energías primarias (viento, sol, agua, gas, carbón, petróleo, uranio). El transporte consiste en llevar esas grandes cantidades de energía, a tensiones muy altas para reducir las pérdidas técnicas, hasta las subestaciones de transformación a tensiones menores localizadas cerca de los centros de consumo, poblaciones o polígonos industriales. La distribución lleva la energía de esas subestaciones transformadoras a las acometidas de las instalaciones individuales de los clientes. Y los comercializadores venden la energía al cliente final y se relacionan con ellos (contadores, facturación e intermediación).

El mercado de generación es un mercado supuestamente competitivo en el que las distintas centrales envían los precios de la energía, que son distintos para cada tecnología, al gestor del mercado, REE (Red Eléctrica de España ). Aquí se casa la oferta con la previsión de demanda para cada hora del día, pero se asigna como precio de la electricidad en cada franja horaria el coste de la unidad generadora más cara que satisfaga la demanda. Es decir, se paga lo mismo el kilovatio de las hidráulicas o las nucleares, que el generado con gas o con viento, pese a resultar hasta tres y cuatro veces más barato. De ahí el déficit, y las subidas para corregirlo. Y por eso los grandes beneficios de las eléctricas.

El consumidor

Ayer, la Confederación Nacional de Autónomos y Microempresas (Conae) estimó que la subida prevista por el Gobierno podría suponer un gasto del 12,5% más en el recibo de la luz para hogares y comercios. Salvador García, presidente de la Conae, indicó que ya «el 2010 marcó el récord de subidas» y lamentó que «más que ayudas parece que [a comerciantes y autónomos] se les multiplican los obstáculos».

 

 

Fuente: La voz de galicia Autor: miguel ángel rodríguez  Fecha de publicación: 16/3/2011

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