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¿Qué se esconde tras la factura de la luz?

Abrimos el buzón y "¡sorpresa!": ha llegado el recibo de la luz. La mayoría de las personas se limita a mirar con resignación cuánto le cuesta ese mes la luz. Sin embargo, además del precio que se debe abonar por la electricidad, la factura contempla otra serie de detalles y conceptos en los que no siempre nos fijamos y que no resultan del todo comprensibles. Y es que la lectura de estos documentos no siempre resulta fácil.

Los datos de la factura

Ya sea con tarifa regulada o en el mercado libre, la factura debe mostrar el consumo anual: es un gráfico de barras que sirve, además de para controlar el exceso de consumo, para saber si el estimado que realiza la compañía se corresponde con el consumo histórico interanual. Para ello, se pueden consultar las facturas anteriores para cotejar los datos de los gráficos. Los que siguen son los conceptos, además del precio final, que deberían aparecen en el recibo que nos llega a casa:

En el precio regulado o Tarifa de Último Recurso (TUR), la factura debe mostrar:

  1. El boletín oficial donde se publica la tarifa.
  2. El precio total al que asciende la factura, desglosado en término fijo o término de potencia: en este concepto se paga por la potencia contratada, y es el resultado de multiplicar el precio del término de potencia por los kilovatios contratados. Se abona siempre, incluso si no se ha consumido nada. Y por otro lado, el término variable o término de energía: aquí se facturan los kilovatios a la hora que hayamos consumido en el período de facturación, medidos por el contador.

En el mercado libre, los datos a facturar varían y, por tanto, los conceptos de la factura que han de aparecer son:

  1. Peajes: es el pago por usar las redes del distribuidor (empresa que distribuye la luz hasta nuestro domicilio), mediante un precio que es fijado por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.
  2. Energía consumida: es el pago de la energía consumida medida por el contador. Es el resultado de multiplicar el precio libremente pactado con el comercializador, que figura en el contrato, por los kW/h medidos por el contador.
  3. En las facturas, además, como mínimo una vez al año o cada mes, si así se solicita, la empresa tiene obligación de informar de los pagos que ha realizado al distribuidor, en nombre del consumidor, por los peajes.
  4. Ofertas: la liberalización del mercado ha traído consigo ofertas y descuentos sobre las tarifas pautadas. Deben figurar los descuentos y, si no se incluyen, se tienen que controlar mediante el contrato. Por otra parte, debe especificarse claramente si el descuento es sobre el total de la tarifa o solo sobre una parte (el término fijo o el término de consumo).

Hay que añadir otra serie de conceptos que se aplican tanto si el consumidor se acoge a la Tarifa de Último Recurso (TUR) como si decide salir al mercado libre:

  1. Impuesto sobre la electricidad: cantidad variable a pagar según el consumo que se haga en cada hogar y que se invierte en la investigación de energías alternativas. La fórmula para calcular este impuesto relaciona conceptos como la suma de la potencia contratada con la energía consumida y un coeficiente fijo.
  2. Alquiler de equipos de medida: cantidad fija que paga el particular a cambio de la que la empresa realice, de forma obligatoria, el mantenimiento y reparación del contador.
  3. Historial de consumo: a través de un gráfico de barras se muestra cómo ha ido evolucionando el gasto energético a lo largo de los últimos meses de consumo por parte del particular.
  4. IVA: la suma de todas las cantidades antes mencionadas (coste fijo del servicio, facturación por potencia, impuesto especial sobre electricidad y alquiler de equipo de medida, entre otros conceptos) se grava con un 18% de IVA

Lectura estimada de la factura: ¿un engaño al consumidor? y tablas comparativas

Entre los consumidores, uno de los aspectos que más controversia genera en la factura de la luz es la lectura estimada. La lectura es la cifra que marca el contador de la luz del suministro, existen dos tipos. En primer lugar, está la lectura real que se refiere a la numeración que marca el contador en una fecha concreta y que toma el personal de la compañía o el propio consumidor . En segundo lugar, está la lectura estimada que se utiliza en los periodos en los que no ha sido posible hacer la lectura del contador.

En este caso, el sistema informático de la empresa eléctrica hace una valoración aproximada del consumo que puede haber tenido el suministro. La normativa le permite calcularlo mediante una fórmula que toma como referencia el consumo 'histórico' del consumidor en el mismo periodo del año anterior con lectura real. Pero esta valoración no deja de ser ficticia y puede ser mayor o menor que el consumo real. Por eso, como las lecturas deben ir alternando una factura estimada y una real, una vez que se tome una lectura real del contador se regularizará el pago en la siguiente factura. Así, es posible tanto que le devuelvan al usuario parte de lo facturado (cuando se ha estimado de más) como que tenga que pagar parte de lo no facturado anteriormente (cuando se ha estimado por debajo del consumo).

Las lecturas estimadas generan desconfianza en las organizaciones de consumidores y son muchas las denuncias interpuestas en este sentido. La última fue en la Comunidad de Madrid, donde el Ejecutivo regional abrió el pasado mes de marzo un expediente sancionador a tres empresas comercializadoras de electricidad en la comunidad por entender que se habían vulnerado los derechos de los consumidores madrileños a recibir una información eficaz y suficiente y se instaba a las compañías a facturar siempre de acuerdo a una lectura real.

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